Ciel abrió la puerta de su casa con manos temblorosas. El mundo le pesaba en los hombros. Todo se sentía irreal: las palabras de Jordan, la rabia de Ian, el terror de saber que su sangre no era solo suya, sino una llave… una amenaza… una esperanza.
La casa estaba en penumbra. Su madre dormía, ajena al caos que rodeaba a su hija. Ciel subió las escaleras en silencio, como si incluso el crujido de la madera pudiera despertar demonios. Se encerró en su cuarto, cerrando con llave. Solo cuando estuv