La sala de espejos en la que se reunía el consejo rival era fría como un sarcófago. Las paredes de obsidiana reflejaban rostros impasibles; la luz, filtrada en hilos rojos, convertía en sombras incluso las palabras más suaves en amenazas. El que había hablado —un vampiro alto con cicatrices que cruzaban su rostro como mapas de antiguas guerras— dejó de mirar el reflejo para clavar su vista en los otros dos líderes.
—Si la clave es la sangre híbrida, no podemos permitir que Vorlak consolide su f