El aire se volvió tan denso que cada respiración parecía un esfuerzo. Nadie se atrevía a hablar, excepto el extraño, que mantenía aquella sonrisa helada en el rostro.
—Pensé que sería más difícil —dijo, con un tono burlón, como si disfrutara del miedo que provocaba—. Pero mírate, Ciel… perdida en medio de un rebaño humano.
Ciel sintió un escalofrío recorrerle la columna. Su nombre en labios de aquel desconocido sonaba como una sentencia. Dio un paso atrás instintivamente, hasta chocar contra Ia