El helado seguía derritiéndose más rápido de lo que podía comerlo, obligándome a apresurarme y, al mismo tiempo, a disfrutar el caos dulce que dejaba a su paso.
Incliné un poco la cabeza y pasé la lengua por un costado del helado, recogiendo cada rastro de chocolate que se escapaba. El frío me hizo estremecer levemente, pero la suavidad cremosa del sabor hizo que cerrara los ojos un segundo más.
Mis labios quedaron manchados de un tono marrón oscuro. Los limpié con la lengua, lenta, deliberadam