El suelo tembló bajo los pies de Ciel cuando la energía de Alexandre chocó con la suya.
No era un ataque directo… era una advertencia.
Un recordatorio de que ambos podían destruir el bosque entero si desataban todo su poder.
Ciel sostuvo con fuerza al niño, que comenzaba a removerse inquieto, su pequeño pulso acelerándose al ritmo del aura que inundaba el aire.
—Ian —susurró ella sin voltear—. Llévatelo.
Ian la miró horrorizado.
—No voy a dejarte sola con él.
—¡No puedes pelear con un eclipse!