Scott se detiene frente a la casa y apaga su moto. Me bajo, me quito el casco y se lo entrego para que lo guarde. La temperatura ha descendido considerablemente, siento que tengo los huesos congelados. Junto mis manos y las soplo con mi aliento para proveerlas de calor.
―¿Qué tal si me invitas un café?
Propone con esa preciosa sonrisa a la que soy incapaz de negarme.
―Por supuesto ―espero a que lo guarde todo en el compartimento―, y si te apetece, prepararé algo de comer, porque estoy famélic