Parte 4. Capítulo 30. Decisiones
Baudilio salió del centro de salud con una marcada cojera. La dolencia en su cadera se intensificaba cuando su mente se embotaba con dudas y preocupaciones.
Se frotó el rostro con ambas manos y avanzó con rapidez para llegar al pasillo techado que dirigía hacia el cafetín. La lluvia le empapaba los cabellos.
—La tormenta no para —habló un hombre tras su espalda. Al girarse, sonrió con desánimo hacia Carmelo.
—Pensé que estabas en Chivacoa.
—¿Y perderme todo el espectáculo? —alegó el moreno con