La anciana se tambaleó hacia atrás y se habría golpeado la cabeza contra la punta de la mesa si Belén hubiera evitado su caída.
—¡Atrápenlo! — ordenó luego de sujetar a la anciana.
Antes de que él pudiera llegar a la puerta, el guardaespaldas se apresuró a atraparlo.
—Quítame las manos de encima. ¡Suéltame! — el hombre luchó con todas sus fuerzas en vano.
William hizo un gesto con la mano, les indicó a los guardaespaldas que se lo llevaran.
—Ahora que sabe la verdad, ¿aún planea tomar acci