—¿Una empresa de transportes marítimos? — preguntó Belén con sospecha—. ¿El dueño legal de esa empresa está detrás de esto?
—No, él es un empresario común y corriente. Hay algo que no cuadra. Es medio extraño que un dueño legítimo de una empresa tan grande sea una persona común y corriente.
De todas formas, una vez que hayamos identificado de forma adecuada al hombre, podremos continuar con las investigaciones —continuó Amílcar sacudiendo la cabeza.
—Bueno — murmuró Belén mientras pensaba, «