Los iris de Alicia ya se habían contraído tanto como era posible y tenía los ojos tan saltones que estaban al borde de estallar. Sin embargo, en el siguiente instante, Belén se rio entre dientes y respondió:
—Era mentira.
Alicia se quedó sorprendida y se vio inundada por la confusión y la sospecha.
Estaba al borde de volverse loca cuando preguntó:
—¿Cuál es la verdad?
Belén dejó de sonreír y respondió con calma:
—Tía Alicia, dijiste que Ana era miedosa, pero parece que tú también lo