Elena se separó bruscamente de los labios de Alessandro en cuanto el aire comenzó a faltarle. La intensidad del beso y la forma en que su propio cuerpo había respondido la llenaron de pánico; las cosas se le estaban saliendo de control a una velocidad peligrosa. Sin darle tiempo a reaccionar dio media vuelta y echó a correr por la acera.
—¡Elena, espera! —exclamó Alessandro, intentando sujetarla del brazo nuevamente.
Pero ella ya había alcanzado la orilla de la avenida. Se arrojó al interior d