Por dentro, no podía sentirme más fría. No sentía ni ternura ni amor por mi esposo, más allá de eso esto era una tortura que tenía que soportar.
Su peso me aplastaba y se me revolvía el estómago por los sentimientos que despertaba en mí. Sobre todo después de ver su encuentro con los inversores filipinos, que resultaron ser Margor y Camille, un par de gemelas que se habían incorporado como becarias. Ellas fueron mis hábiles a grabar todo, la calidad del vídeo era de primera y sus caras se veían