Johanna cerró la puerta dando un fuerte golpe; al estar en el pasillo, no pudo contener las lágrimas que salieron a mares por sus ojos. Siguió sin detenerse hasta bajar por el elevador y encontrarse con el guardaespaldas que hace un momento la recibió.
Se acercó a él furiosa, buscando con él desquitar su odio y frustración.
—¿Por qué no me dijiste que el señor Kim estaba ocupado? —exigió molesta.
—No era el indicado para hablar de asuntos de mi jefe —dijo el hombre defendiéndose.
—Por lo menos