Al salir de la habitación, ambos vistiendo unas simples batas de baño blancas que a Johanna le quedan muy grandes, pero no dice nada y únicamente continúa siguiendo al coreano que no le ha soltado la mano.
Caminan descalzos por los pasillos de la casa, bajando las escaleras con calma, hasta llegar al primer piso, donde continúan caminando y entran a la cocina que es hermosa. Con toques antiguos y a la vez modernos.
El señor Kim lleva a Johanna para que tome asiento en una silla alta cerca