El momento es interrumpido de nuevo por el constante hervor de la cazuela que está a pocos pasos de la pareja.
—Ve a sentarte, la sopa está lista —dijo el señor Kim, y Johanna solo asiente caminando de nuevo a la silla que hace un instante ocupaba. Observa cómo el coreano, que únicamente usa una bata blanca, saca dos platos hondos tomando la cuchara y sirviendo la comida en ellos. Los deja en la mesa frente a la extranjera con un par de palillos—. Espera —la detiene antes de que ella pueda da