LA ESTAFADORA
–Hola, Serena.
–¡Emil! Qué susto me diste. Eres el hijo de Marco, ¿no?
–Así es. Es que estoy de civil –bromeó–. Me quitaré esta tonta gorra.
–Mis felicitaciones. Excelente performance.
–Muchas gracias. Qué casualidad encontrarla aquí. ¿Quiere ir a tomar algo? Yo invito.
–¿Tienes tiempo para esas cosas? Eres una estrella ahora.
–Claro que sí. Me lo he ganado después de tanto trabajo. Además, no pensaba encontrarme semejante talento en la vía pública, así que me haría un espacio par