Capítulo treinta y tres: Consentimiento.
Esa tarde no salí de mi habitación. Pedí que me llevarán el almuerzo a la habitación. Estaba molesta por la respuesta que él me dio y por la que di yo misma. En la cena fue igual. Comí en mi habitación y no salí. Austin no se molestó en buscarme, en llamar mi puerta. Ni siquiera preguntó por mi a través de una sirvienta. Y no tenía el porque. Yo fui clara, solo éramos amantes. Físico y nada más. Él podía estar con quién quisiese. Pero solo el imaginármelo con otra persona me revolvía el estómag