Capítulo treinta: La vergüenza de ser mujer.
Manché las sábanas. Y no tenía una toalla sanitaria.
Quité las sábanas y las metí en un cesto. Miré mi retaguardia en el espejo. El pantalón de pijama estaba manchado con un líquido rojizo y me imaginaba que la ropa interior también. Me despoje de la ropa y las bragas y las metí en el mismo cestón. Me puse una pequeña toalla de baño entre la ropa interior nueva y mi intimidad. Pasé sobre mi cabeza un vestido holgado rojo, para disimular cualquier futuro accidente.
No tenía ni un billete con