Capítulo setenta y tres: donde vivimos nuestro romance.
Era un centro comercial. Ese era el lugar donde me quería traer tan desesperadamente.
―¿Qué necesitamos comprar con tanta urgencia que no se lo puedes pedir a alguien más?
Por más que no me provocaba salir el día de hoy, me imaginaba que era algo muy importante y por eso se encontraba tan irritante. Pensé que había planeado una cita; una cena, a la luz de las velas, un picnic frente al atardecer, un paseo en globo aerostático. Pero no, era un maldito centro comercial.
―Algo muy valioso