Capítulo sesenta y cinco: Culpa.
Mis muslos lo rodeaban con fuerza y su mano bajaba y subía por mi espalda. Me sacó del lugar. Unas personas se nos acercaron pero yo no estaba viéndolos. Mi cabeza estaba enterrada en su cuello.
―Señor, déjenos revisarla. Necesitamos ver su estado.
¿Paramédicos?
―Sí, solo denos un segundo ―Pasos se alejaron y Austin carraspeó. Sentía su pecho subiendo y bajando, el movimiento de su garganta, oía los latidos de su corazón. Era real―. Kari, los paramédicos necesitan ver que estás bien.
―¡Esto