Capítulo ochenta y seis: Austin.
••Austin••
¡Austin, Austin!
La voz no era más que un eco que iba abriéndose paso en mi mente hasta llegar a los más profundo de mi subconsciente. Abrí los ojos cuando por fin pude distinguir la voz. Kari.
Me levanté como un relámpago. Pensé que tenía que correr a auxiliarla, pero ahí estaba, caminando de un lado a otro dentro de nuestra espaciosa habitación. Su mano cubría su nuca y sus ojos estaban centrados en el suelo. Las lágrimas bañaban sus mejillas y la preocupación estaba tallada