—El bebé ya no está. Alejandro, nunca fuiste un esposo decente ni por un solo día, y menos un buen padre.
Alejandro quedó petrificado, como si le hubieran dado un golpe devastador.
En ese preciso momento, su asistente irrumpió en la habitación con suma urgencia.
—Señor Rivera, tenemos un problema serio. Todo el mundo está diciendo que abandonó a su esposa y la dejó morir, ya no podemos controlar lo que dice la gente.
Los ojos de Alejandro se endurecieron enseguida y empezó a reclamar.
—¡¿Por qué