Habían pasado dos horas desde que ingresaron a Iván a la sala de emergencia, Rebeca estaba hecha un manojo de nervios, caminaba de un lado a otro de la sala, ansiosa por saber qué estaba pasando con Iván. Por mucho que ella ya no lo quería, sentía mucho temor de que pudiera pasarle algo, sea como sea, ella no tenía la intención de que terminara en las peores circunstancias, porque a pesar de todo, él había sido el padre de su hija y el hombre con el que había compartido diez años de matrimonio.