Mientras Iván se recuperaba en la clínica, Betty estaba llena de preocupación. Había salido a comprar víveres, o al menos eso había sido su excusa, pero ya habían pasado dos horas y no respondía el celular.
“¿Qué le habrá pasado a Iván? Se ha tardado demasiado para comprar unos simples víveres. ¡Dios mío! No sé qué pensar. ¡Qué angustia no saber lo que está pasando!” pensaba, frotándose las manos de nerviosismo mientras caminaba de un lado a otro. “¿Estará con otra mujer? ¡Ya sé lo que haré! Ir