“Magnus,” gritó ella, con la respiración pesada e impaciente mientras la boca de él descendía por su cuello. Él besó y mordió su piel. Ella ya podía sentir las marcas formándose. Manchas rojas florecieron en su cuello mientras él continuaba, dejando huellas visibles de su hambre. La sensación ardía de un modo doloroso e intoxicante.
Su boca era áspera, tan impaciente como ella. Besó su garganta una y otra vez, marcando su piel. Subió hasta su boca y reclamó sus labios en un beso ardiente. Una d