“¿Quieres más?”
El cuerpo de Miranda tembló otra vez, pero ninguna palabra salió de su boca.
La expresión de él se oscureció con impaciencia. Mordió ligeramente su hombro mientras su otra mano golpeaba su cadera una vez más, observando cómo la marca florecía contra su piel enrojecida.
“Respóndeme,” dijo él, con voz más dura ahora. “Si no lo haces, me detengo aquí mismo.”
La advertencia en su tono era clara.
Miranda apretó la mandíbula mientras lo miraba a través del espejo.
Ese maldito hombre s