—¿Habrá alguna manera de tener a una bebé tan linda como tú sin necesidad de un hombre? —preguntó Molly, medio en broma, medio en serio.
—De ninguna manera —respondió Isabella con solemnidad—. Los humanos no pueden reproducirse asexualmente.
La respuesta la dejó en silencio unos instantes. Molly soltó una leve risa, acariciándole la barbilla con suavidad.
—Acabas de hablarle directamente a mi corazón. Dime, si yo fuera un hombre, aunque ya esté entrada en años… ¿crees que habría alguna posibilidad de estar con alguien tan joven como tú?
—Con la condición de que no fueras feo —contestó Isabella con toda seriedad.
Tiffany, que presenciaba la escena, se cubrió el rostro con ambas manos, avergonzada y divertida a la vez. No podía enfrentarse a esas dos mujeres: cada una era una diosa por sí sola… y juntas resultaban simplemente abrumadoras.
—Por cierto, Bella, ¿viniste a trabajar en tus diseños? —preguntó Molly con una sonrisa encantadora—. Un cliente me pidió que le entregara algun