capítulo 29

Además, su esposo, Tomás Star, no estaba a su lado. No era de extrañar que nadie la reconociera.

Pero lo peor no fue eso. Jamás había imaginado que la tomarían por una mujer desvergonzada que intentaba coquetear con hombres ricos.

¿Cómo podían compararme con esas mujeres? pensó, dolida.

Al ver su expresión rígida, aquellas damas llegaron a la conclusión de que debía ser la amante de alguno de los invitados. Y la miraron con abierto desprecio.

Las esposas casadas odiaban con toda el alma a l
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