capítulo 281

Él soltó una carcajada, divertida y contagiosa.

Isabella no pudo soportarlo; se dio la vuelta y lo empujó por los hombros con ambas manos.

—¡No pierdas el tiempo! ¡Te estoy examinando!

Cuando Alexander volvió a abrir los ojos, un brillo travieso y tentador ardía en su mirada.

Con naturalidad, rodeó la cintura de Isabella con un brazo. Su manzana de Adán se movía lentamente mientras sonreía, con la voz baja y provocadora:

—Está bien… continúa.

Isabella se enojó, pero al mismo tiempo le res
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