—Tengo una cita para almorzar con Cynthia. ¡Debo volver al dormitorio a darme una ducha! —dijo James antes de salir apresuradamente.
Isabella, en cambio, permaneció tranquila y serena.
Observó a Zenia, que lucía pálida e indefensa, y soltó una pequeña risa entre dientes mientras se alejaba.
Pensó con satisfacción:
“No te metas con las pertenencias de los demás… porque el karma es una perra.”
Aunque todos sus compañeros de equipo ya se habían ido, Linn decidió quedarse.
No estaba lis