El Los murmullos y exclamaciones llenaban la sala de juntas como un enjambre de abejas furiosas. Ricardo Agosti, patriarca de una de las familias empresariales más influyentes, golpeó la mesa con la palma abierta, buscando silenciar la cacofonía. Los socios se interrumpieron un momento, pero la tensión seguía viva en el aire como una chispa a punto de encender una mecha.
—¡Señores! —tronó Ricardo, su voz grave y rasposa como un trueno contenido—. Entiendo su preocupación, pero esta situación no