El beso de Massimo la estaba dejando sin aliento. Blair temía que en cualquier momento Ana o alguien pudiera tratar de entrar.
—¿Por qué aceptaste estar en el juego de Eddie? —preguntó Massimo. Su voz era un susurro amenazante, pero en sus ojos había una mezcla de dolor y rabia que la desarmó.
Blair tragó saliva, tratando de encontrar las palabras adecuadas, pero no había nada que pudiera decirle. Se sentía atrapada en una telaraña de emociones contradictorias. El deseo y el miedo luchaban e