Carlo se pone de pie, camina solo los pasos que le permiten dar hasta ella, ve a Rebeca con los ojos llenos de lágrimas y apunta a su vientre.
—No lo perdiste… —ella lo ve con cierto recelo y se cubre el vientre.
—No, lo perdí.
—Pero… me dijeron que sí, que lo habías perdido, por eso te fuiste, ¿no?
—Ahora no, Carlo… —intenta decir ella, pero él la interrumpe y le pide al juez.
—¡Retiro todos los cargos, su señoría!
—¿Está seguro, señor Suárez?
—Es mi mujer, la madre de mi hijo… no voy a ponerl