Camina al cuarto de su hija y la ve dormida, tranquila, tan pacífica y ajena a toda la tormenta que sus padres están viviendo. Se sienta en el sofá al lado de su cuna y abre el sobre.
Lo primero que ve es un par de hojas con los horarios de Diana, la cantidad de fórmula que debe usar para preparar su leche, la temperatura del agua, cómo esterilizar sus biberones y hasta las citas médicas que se acercan. Andrea siente que quiere llorar y piensa en que jamás imaginó que Ian se iría de esa manera,