Ian llega unas horas después a la casa, está anocheciendo y sabe que a esa hora su hija necesita un baño antes de alimentarla y dormirla.
Pero no sabe si Andrea lo sabe.
En cuanto se quita la camisa del pantalón y se dirige por el pasillo al cuarto, entiende que Andrea no lo sabe.
—Shh… ya, mi niña. Papá llegará de pronto, eso espero… porque no tengo idea a dónde fue. Dime qué quieres, preciosa… por favor…
—Es tiempo de su rutina para dormir —le dice él y mira su reloj—. Son las ocho, a esta hora le toca su baño, luego el biberón y se duerme.
Ian la toma con cuidado, con una enorme sonrisa y Diana se calla de inmediato. Andrea en ese instante se siente frustrada y hasta desplazada, así que, en lugar de quedarse para aprender a atender a su hija, solo se larga del cuarto.
Se da cuenta de que Ian ni siquiera se la da para que la alimente y se siente terrible cuando comprende que su hija ya no la necesita. O eso cree ella.
Ian se encarga de hacer todo lo que toca, luego sale con ella ent