Dillon
Dejo a Moira en casa de Melissa, sonrío tontamente, mientras conduzco dentro de la ciudad y no puedo ser más feliz. Ella me dió una oportunidad que no pienso desperdiciar. Mi móvil suena, el número desconocido me hace gruñir y contesto sin muchas ganas de hablar con estas ratas el día de hoy.
—¿Qué necesitas?
—Señor, tenemos un inconveniente—dice—hay militares cerca de la zona de embarque.
—¿No está el contacto con ustedes?
—No, señor, dijo que no pudo comunicarse con su jefe y estamos