Punto de vista de Elara
Mateo me dejó en el suelo dentro de la pequeña cabaña como si esperara aplausos por rescatarme de la tormenta en la que yo, claramente, quería ahogarme. Liberé mis brazos de su agarre y casi me resbalo en el suelo de madera; mis zapatos mojados soltaron un chirrido chillón contra la superficie.
—No vuelvas a tocarme —dije, con los dientes castañeando más por la indignación que por el frío.
Él levantó ambas manos como si yo fuera la criminal aquí.
—Señorita, no estab