Punto de vista de Luis
Elara no se había movido de donde estaba desplomada en el suelo. Sus hombros seguían temblando y sus manos se cerraban en puños sobre la tierra. Podía ver sus labios apretándose en un intento desesperado por mantenerse entera, pero la única lágrima que corría por su mejilla la traicionaba.
Incliné la cabeza, observándola con una leve curiosidad, como si fuera una cosita frágil a punto de romperse —porque lo estaba.
Todo esto por culpa de Kaelen. Sabe eso, Elara. Sabe que Kaelen te hizo esto. Él te marcó y ahora quería casarse con tu hermana. Jugó con tus sentimientos como si fuera un juego de mesa.
Perfecto.
Justo entonces, una voz de mando retumbó desde atrás.
—¿Qué está pasando aquí?
Ah. Diego Vane. El peor enemigo de Kaelen y uno de los hombres más corruptos de la manada a quien planeaba dar grandes lecciones. Su voz llevaba el tipo de autoridad que hacía que los hombres enderezaran la espalda y las mujeres bajaran la mirada. Incluso el aire mismo pare