El trabajo había pasado en un borrón de reuniones y revisiones de código, el tipo de día que dejó la mente de Aurelia entumecida pero su cuerpo exhausto. Recogió su bolso, se lo colgó del hombro y bajó las escaleras de la oficina; las luces fluorescentes zumbaban sobre su cabeza como insectos lejanos. El aparcamiento se estaba vaciando, el sol de la tarde tardía proyectaba largas sombras sobre el asfalto mientras se dirigía a su coche, con las llaves tintineando en la mano.
Forcejeó con la cerr