La sala de conferencias zumbaba con las firmas finales del contrato, los bolígrafos raspando el papel en una sinfonía de cierre corporativo. La mano de Aurelia aún temblaba ligeramente por el asalto anterior de Ronan en su oficina, pero mantuvo la compostura, deslizando los documentos de vuelta sobre la mesa con un gesto profesional. El señor Ellis recogió las copias, con el rostro marcado por el alivio, mientras los delegados de Armament intercambiaban miradas satisfechas. Kai estaba de pie ju