Capítulo 39. La maldad no descansa
Cuando Briggitte salió de la habitación de su amiga para dejarla sola con Camillo, tenía intenciones de correr muy lejos de Sebastián. Sin embargo, algo en su interior lo añoraba, y como si sus pies tuvieran voluntad propia, sin considerar todo lo que le había hecho, se vio buscándolo, y aunque trató de convencerse, que solo se trataba del inmenso deseo que tenía de insultarlo, en el fondo sabía que no era así.
Por eso se acercó disimuladamente, se dio cuenta de que Sebastián y la cara de cabal