Capítulo 31. Tú puedes ser la heredera
—Por favor, vete… Mackenzo no puede verte… luego hablamos porque es muy peligroso hacerlo aquí… hay cámaras, trataré de borrar las películas ¡Ten! ¡Corre! —le dijo dándole las llaves del auto —. No lo lleves donde te estas quedando ni siquiera cerca de allí, déjalo con las llaves colocadas en alguna parte de la ciudad —habló la mujer en un susurro.
—Espera, madre —dijo Briggitte al ver la mirada desesperada de su madre y sabiendo que debía salir de ahí rápido —. Gracias.
La mujer no respondió