Capítulo 24. Una trampa
Desde ese momento la vida de Sebastián no fue un paraíso, aunque para su alivio no lo fue tampoco para Francesca, las constantes peleas, gritos estaban a la orden del día y el primer altercado grande tuvo lugar ese mismo día.
La mujer entró elevando ligeramente la nariz como si todo le causara repulsión.
—¿Por qué eso está tan asqueroso? —preguntó sacudiendo la mano con un gesto despectivo.
—Porque le falta limpiarlo —respondió Sebastián con una excesiva tranquilidad.
—¿Y por qué nadie lo lava?