Capítulo 34.
Logan.
Llega la noche y me traen la comida en bandeja que no toco. Me siento como una bestia esperando una sola señal para arrancar la puerta y darle rienda suelta a sus instintos de caza. El pecho me vibra con cada respiración, mi vista se clava en la puerta, a la vez que permanezco sentado con la impaciencia que controlo, porque una mierd@ no va a hacerme perder la cabeza.
—Tenemos casi todo listo— me dice Ortega cuando vuelve a entrar. —Solo necesitamos la autorización firmada para que na