Capítulo 229.
Merle Volclain.
Son casi las cinco de la madrugada cuando al fin se terminan esos sonidos de dolor que me ralentizan el pulso. Son maldit0s chantajes que mi cerebro acepta, porque para mi jodida suerte, se me metió en las venas.
—Tú también necesitas que revise eso— me dice Isolde cargando mantas sucias y un balde con agua, al verme el hombro y señalando mi rodilla a la vez.
—Lo haces con la luz del día. Puede esperar— en lugar de marcharse deja todo en la mesa, para tocarme el rostro. —Ahor