Evelyn.
Dejo que mi hija se despida de los niños que tienen las manos llenas se pintura, volvemos al vehículo para regresar a la casa en donde cocino para las dos. El cansancio me hace bostezar más de una vez, pero Aihnoa es quien me ayuda a que termine de comer. Me ofrece de la comida que tomo con los dientes, haciéndola feliz.
—Termina tu comida y vamos a dormir— me limpia la barbilla subida en la silla para alcanzarme.
—Soy quien debe cuidarte— le recuerdo y se lanza a besarme la mejilla.