13. Esa doc tenía agallas I
Roberto Abad Rocamonte
La doctora cerró la puerta detrás de mí con un chasquido seco. Su mirada profesional intentaba ocultar la incomodidad que le provocaba tenerme tan cerca, pero yo ya había aprendido a leer lo que otros no querían mostrar.
—Suba a la báscula, le tomaré talla y peso —ordenó con tono firme.
Alcé una ceja, ladeando apenas la boca con un gesto incrédulo.
—¿En serio?
—Es el protocolo —contestó con frialdad, pero noté cómo su voz vaciló apenas un segundo—. Le tomaré signos vitale