Soraya
La casa de Diogo Valadares era enorme. Más hermosa de lo que podía imaginar. El exterior parecía una casa común, al entrar, la claridad causada por la iluminación y las paredes blancas causaron un impacto grandioso. Cada detalle fue pensado por un arquitecto, imagino. Algunos segmentos en oro mostraban el buen gusto del abogado.
Después de escuchar lo que Sebastián dijo, comprendí que mi ciclo con él y con aquella hacienda había terminado. Acepté la propuesta de Diogo de vivir con él,