Sebastián
Todo era muy confuso. Había llevado a los niños a dar un paseo a caballo, al que Soraya no quería ir. Aunque era extraño, preferí no molestarla. Apenas regresé, sentí su ausencia. La casa estaba vacía, ni siquiera estaba mi madre.
Llamé y envié varios mensajes, ninguno fue contestado. Pasaban las horas y la preocupación seguía ahí. Incluso llamé a Diogo Valadares, que negó con vehemencia que estuviera con ella. No me lo podía creer. Las únicas personas con las que Soraya tenía contacto