Advertencia Puede haber escenas fuertes de violencia. Si no puedes leerlo, pasa al siguiente capítulo.
Estaba asustada. El llanto, antes calmado, se derramaba por mi cara como una presa recién rota. No podía limpiarme la cara porque tenía las manos atadas con una soga muy apretada. Todo el tiempo me preguntaba quiénes eran los dos encapuchados y por qué me habían secuestrado.
Hacía unos días, Sebastián había insistido en que fuera a la comisaría y continuara el proceso para averiguar quién me h